| Motivación en el trabajo |
| Escrito por Migue |
| Viernes, 31 de Agosto de 2007 00:00 |
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Vivimos en el país de los "mileuristas", son muy pocos los que pueden decir que trabajan en lo que les gusta y que además se sienten estables y a gusto en su empresa. Las cosas han cambiado mucho desde la época de nuestros padres, ya no existen los trabajos para toda la vida (bueno si, el de funcionario), y en lineas generales, tampoco somos los borregos de antaño. El sentimiento de "lealtad" hacia la empresa en la que trabajamos ya no existe. Es normal que ahora prefiramos congeniar al máximo nuestra vida laboral con la familiar, preguntándonos con mayor frecuencia que es lo mejor para nosotros, antes que agachar la cabeza y tragar con lo que sea. Los informativos están llenos de noticias sobre cierres de empresas, reajustes de plantilla, subcontratas, despidos, etc... El mercado laboral ha cambiado, eso es obvio, pero con este, también han cambiado los trabajadores. Esta es la sociedad en la que cambiar de trabajo es casi como cambiar de camisa. En muchas ocasiones, serán las empresas las que prescindan de nosotros, pero en otras, seremos los trabajadores los que decidiremos nuestro futuro, es sobre estos últimos casos sobre los que versa el contenido de este articulo, de cuando son las empresas las que nos quieren y no saben retenernos.
En ocasiones un buen sueldo y un mes de vacaciones garantizadas son suficientes para retener a un trabajador, pero hoy día, esto no es suficiente para motivar a muchos empleados, por ello, una de las aptitudes mas importantes de la que deberían estar dotados los directivos o jefes de una empresa es de la capacidad de motivar a otros. Para mejorar el rendimiento de los trabajadores, alguien debería darse cuenta de que un entorno de trabajo positivo y acogedor motiva sobremanera a los empleados. Estos directivos deberían entender también la diferencia entre motivación y reforzadores de moral; dar entradas gratis para el fútbol o reservarte una plaza de aparcamiento consiguen levantar la moral de los empleados y hacen que se sientan bien en la empresa. Sin embargo no son agentes motivadores, ya que no están directamente relacionados con un aumento del rendimiento del empleado. Y un empleado con una buena moral no es necesariamente un empleado motivado. Por ejemplo, un empleado que charla con sus compañeros un par de horas diarias debe tener la moral bien alta, pero seguramente tendrá un nivel de producción pobre. Un equilibro ideal entre motivación y moral seria lo perfecto para el funcionamiento de las empresas y la conciliación laboral de sus trabajadores. Así que aquí os dejo la lista publicada por Mt.Gov sobre lo que deberían tener en cuenta los directivos a la hora de mantener la motivación de sus empleados:
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